domingo, 23 de agosto de 2009

La Fraisne

Era concejal escuálido, grave
sabio en todas las cosas y muy viejo,
mas deseché locura tal y el frío
que en la vejez se porta como manto.

Era bien fuerte, al menos lo decían,
durante la esgrima jóvenes hombres;
mas deseché locura tal y gozo
en otra moda que mejor me sienta.

Me encrespé entre la arcilla de los fresnos,
oculté mi figura donde el roble
en mí derramó sus hojas y el yugo
arrojé de los hábitos antiguos.

En el quieto estanque de Mar-nan-otha
hallé una novia
que fue cornejo.
Me emplazó por mis hábitos antiguos,
calmó mi rencor concejil,
pidiéndome sólo encomiar

al viento que tiembla sobre las hojas.

Me sacó de mis hábitos antiguos,
y tanto que me dicen loco,
y me alegra, como vi la congoja,
sé que son locura el lloro y la pena.
Yo? Deseché el dolor y la locura.
Envolví lágrimas en hoja de olmo
y las puse bajo una piedra,
y hoy me dicen loco porque arrojé
de mí la locura, la deseché
para abandonar hábitos estériles,
porque mi novia
es un estanque del bosque,
y aunque dicen que estoy loco,
estoy alegre,
muy alegre,
  porque mi novia gran amor me tiene,
más dulce que el amor de las mujeres
que infesta, devora, compulsa.

Aie-e! En verdad estoy gozoso,
muy gozoso al tenerla sola
  y que ningún hombre perturbe.

Entre jóvenes hombres hace tiempo…,
decían que era bien fuerte.
Una mujer entonces…
…pero olvidé… era…
espero que no vuelva.

…no recuerdo…

Creo que me hirió entonces, pero…
fue hace mucho.

No quiero recordar más cosas.

Gusto la pequeña banda de vientos
que aquí sopla en los fresnos:
porque estamos muy solos
entre los fresnos.

 

Ezra Pound, Personae (primeros poemas), 1908-1910.

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