Con el mazo de fotografías
que guardo amorosamente
voy a jugar un solitario. Empiezo,
pongo sobre la mesa a mi hermana Margarita
y al lado a dos amigos muertos,
debajo al Loco Desiderio (el que creía ser caballo
y trotaba azotándose a dos verijas). Pongo
a mi tío Teodoro junto a su automóvil 1920
y enseguida yo, montado en un burro,
cuando de niño salí a conquistar el mundo.
Toda la mesa ocupo y descarto, saco y pongo
hasta que de pronto me detengo.
Respaldado en la silla cierro ojos
y pienso en lo que ha barrido el tiempo:
tanto pariente al hoyo, tanto sobreviviente
gastado como por erosión eólica.
Barajo nuevamente y corto,
destapo la foto de mi madre
y entonces ella dice hijo mío
recuerdo las primaveras, dame un beso. Se lo doy
y ahí se me nublan los ojos y abandono el juego.
Jorge Leonidas Escudero
lunes, 24 de agosto de 2009
Juego de fotos
Con el viudo
Al sentarse en el banco decían sus movimientos:
Yo soy el gran viudo lleno de laureles.
Se rascaba una oreja indicando:
los suspiros de todas las mujeres muertas
anidan aquí.
Como a mí no es tan fácil engañarme pensé:
Por la manera de mover la cabeza
tiene que estar mintiendo.
El expresó que hoy se había vestido
elegante de luto y que lo hacía
para significarse abandonado
porque así parecía lindo y grande.
Y le dije señor usté ha venido
siguiendo sus entierros;
las oropéndolas funerarias lo eximen
de más complicaciones pero no me venga con chistes,
su vestimenta es triste, sí,
pero bastante falsa.
El viudo contestó que la tristeza
no valía por triste sino por la belleza,
por la alta dignidad que implica.
Mire esto.
Y se fue caminando lloroso, de costado,
fingiendo un ala rota,
como dicen que hacen ciertas aves
de los pantanos del Canadá.
Jorge Leónidas Escudero