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miércoles, 7 de mayo de 2014

Wisława Szymborska - El número Pi



El admirable número Pi
tres coma uno cuatro uno.
Las cifras que siguen son también preliminares
cinco nueve dos porque jamás acaba.
No puede abarcarlo seis cinco tres cinco la mirada,
ocho nueve ni el cálculo
siete nueve ni la imaginación,
ni siquiera tres dos tres ocho un chiste, es decir, una comparación
cuatro seis con cualquier otra cosa
dos seis cuatro tres de este mundo.
La serpiente más larga de la tierra suma equis metros y se acaba.
Y lo mismo las serpientes míticas aunque tardan más.
El séquito de dígitos del número Pi
llega al final de la página y no se detiene,
sigue, recorre la mesa, el aire,
una pared, una hoja, un nido de pájaros, las nubes, hasta llegar directo al cielo,
y perderse en la insondable hinchazón del cielo.
¡Qué breve cola la de un cometa, cual la de un ratón!
¡Qué endeble el rayo de un astro si se curva en la insignificancia del espacio!
Mientras aquí dos tres quince trescientos diecinueve
mi número de teléfono la talla de tu camisa
el año mil novecientos sesenta y tres sexto piso
el número de habitantes sesenta y cinco céntimos
dos pulgadas de cintura una charada y un mensaje cifrado
que dice vuela mi ruiseñor y canta
y también se ruega guardar silencio,
se extinguirán cielo y tierra,
pero el número Pi no, jamás,
seguirá su camino con su nada despreciable cinco
con su en absoluto vulgar ocho
con su ni por asomo postrero siete,
empujando, ¡ay!, empujando a durar
a la perezosa eternidad.


En Paisaje con grano de arena
Traducción: Jerzy Sławomirski y Ana María Moix

Agradezco a 
http://bibliotecaignoria.blogspot.com   


por recordármelo hoy

viernes, 7 de junio de 2013

El álbum - Wisława Szymborska

Nadie en mi familia murió de amor.

    Romances sí hubo, no cosa seria.

    ¿Tísicos Romeos? Julietas con difteria?

    No. Alcanzaron la vejez en flor.

    ¡Ni uno murió de cartas sin respuesta,

    con letra por las lágrimas borrosa!

    Llegaban vecinos, traje de fiesta,

    con anteojos, levita y una rosa.

    Nadie se asfixió dentro de un armario

    por huir de maridos de sus amantes.

    Faralaes, mantillas ni volantes

    echaron a nadie de la foto por falsario.

    ¡Cuan lejos sus almas del infierno del Bosco!

    Sus pistolas no defendían amores furtivos.

    (Morían a balazos, mas por otros motivos,

    en el frente, en un catre bien tosco.)

    Ni la bella, la del moño vistoso,

    con ojeras como de bacanal,

    partió a vela en pos de un joven fogoso

    por el mar de su hemorragia cerebral.

    Antes del daguerrotipo quizás hubo amor de veras,

    pero no en las fotos de mi familia.

    Los días tenían tempo de vigilia

    y ellos morían de gripe o de paperas.

Paisaje - Wisława Szymborska

En el paisaje del antiguo maestro

    los árboles tienen raíces bajo el óleo,

    el sendero conduce de verdad a su final,

    una brizna de hierba sustituye majestuosa a la firma,

    son las cinco de la tarde fidedignas,

    detenido, suave mas firme, el mes de mayo,

    y yo le imito y hago un alto: sí, querido,

    aquella mujer de debajo del fresno soy yo.

    Mira cómo me he alejado de ti,

    qué cofia blanca llevo y qué falda amarilla,

    cómo agarro el canasto para no caer fuera del cuadro,

    cómo paseo por el destino de otro

    y descanso de los secretos vivos.

    Aunque me llames, no te oiré,

    si te oigo, no me giraré,

    y si hiciera ese imposible gesto,

    no reconocerías mi cara.

    Conozco el mundo a seis leguas a la redonda.

    Conozco las hierbas, sé conjurar males.

    Dios aún posa su mirada en mi coronilla.

    Sigo rezando por una muerte no repentina.

    La guerra es un castigo y la paz un premio.

    Los sueños vergonzosos son obra de Satanás.

    Mi alma es tan cierta como el hueso de una ciruela.

    No conozco los juegos del corazón.

    No conozco la desnudez del padre de mis hijos.

    Lejos de mí sospechar que el Cantar de los Cantares

    sea un confuso borrador con tachaduras.

    Cuanto quiero decir está en las frases hechas.

    No abuso de la desesperación porque no es mía,

    sólo la guardo en depósito y por un tiempo entre mis manos.

    Aunque me atajes el camino,

    aunque me mires a los ojos,

    pasaré ante ti bordeando el abismo por una senda no menos angosta que un cabello.

    A la derecha está mi casa que conozco palmo a palmo,

    con la escalera y la puerta de entrada,

    donde acontecen historias aún no pintadas:

    un gato se sube de un salto a un banco,

    un rayo de sol hiere una jarra de estaño,

hay un hombre huesudo sentado a la mesa:

    repara un reloj.


Wisława Szymborska, 1967