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martes, 18 de abril de 2017

Inmortalia ne speres - Pascal Quignard

"Inmortalia ne speres
No esperar en lo más mínimo cosas inmortales
ése es el consejo que da el momento,
lo días, las temporadas, el año. La primavera
repara los árboles después del invierno. A nosotros, los hombres,
una vez que bajamos donde están los antiguos reyes de Roma
ya nadie viene a buscarnos bajo la tierra y
ya no volveremos a brotar.
Incluso Tulio, incluso Anco, incluso Orfeo: nadie nos espera
mezclados con la arena de la orilla.
Que haya habido, en alguna parte, manes y un reino
donde ellas pudieran ir,
que haya habido un mundo oscuro y viviente bajo las hierbas y los campos,
que en el fondo de la negrura se viera surgir la pértiga de Caronte entre los juncos,
sus muslos blancos,
la barca,
que esa única barca fuera suficiente para trasladar tantos miles de muertos,
que la proa de la barca fuera y volviera sin cesar
de la orilla de este mundo a la otra orilla del otro mundo,
ni siquiera los niños lo siguen creyendo.
Esto decía Juvenal en II 149."

Pascal Quignard, La barca silenciosa, Último Reino VI, trad. Margarita Martínez

viernes, 17 de febrero de 2017

No te conviertas en ti mismo - Pascal Quignard (La barca silenciosa, 2009)

Píndaro ha escrito, en su segunda Pítica: Genoi autos essi mathôn. Conviértete en lo que eres. No, no te conviertas en lo que eres. Lo que individualiza es el nombre propio, es decir el lenguaje donde este nombre toma lugar, es decir, el control social a través de la voz interiorizada, es decir la servidumbre sin fin. No te conviertas en el esclavo de los tuyos por el patronímico que te dieron en esa lengua colectiva que te enseñaron. Si no actúas así, el nombre que te han dado tomará el lugar de tu carne.

No te conviertas en autos. No te conviertas en el mismo que ti mismo. No te conviertas en un idem. Porque el idem no es ipse. No te conviertas en ti mismo, conviértete en cambio en el sí mismo, en el self, el sui, el objeto sagrado íntimo, la parte incomunicable, el tiempo de antaño.
El egoísmo quizás sea un proyecto irrealizable para los humanos que hablan. En las decisiones que tomamos, nos perjudicamos a nosotros mismos como esas aves rapaces que quiebran los huevos de su nido. ¿De qué vale la fórmula "cada uno para sí", si cada uno se odia? La interioridad está inventada por la voz de la madre antes de estar habitada, mucho más tarde, por las voces de todos. Pero la voz que sería "personal", a ésa nadie la escucha. El fondo del cuerpo en verdad no conoce la interioridad.
No te conviertas en lo que eres. No te conviertas en autos. No te conviertas en idem. No busques ser diferente de los otros porque las ganas de ser diferente de los otros es el mundo. Es adaptarse a los usos del mayor número de gente y de los rivales. Hacerse el interesante es tener ganas de ser identificado. No te hagas el interesante. No te identifiques con nada. No te conviertas en idéntico a ti mismo. No vayas hacia ti. Porque nadie ha llegado verdaderamente a lo más impulsivo del ritmo interno que lo domina, a lo más autónomo de lo que vive en su vida, porque todos somos niños. Somos todos, hombres o mujeres, derivados de mujeres. Ellas fueron nuestra casa. Todos somos fascinados, imitadores, enseñados, ladrones. Todo el lenguaje en nosotros, al no ser de raíz, al ser robado, es el de un mentiroso. Estamos sin carozo. La neotenia quiere decir lo siguiente: somos animales sin instinto. Que la lengua nacional ya se ha adquirido quiere decir: se ha adquirido todo lo que nos permite diferenciarnos. Lejos hacia atrás de los dos reinos, nuestra "sustancia" no puede ser muy diferente de las aberturas erógenas y de los inacabamientos temporales. Agujeros, boca, ojos, ano, orejas, fosas nasales, todo humano está alcanzado en el punto de la animalidad de la que se querría desprender. Tchuang-tzu dijo que todas las aberturas son puntos de inacabamiento. Tchuang-tzu escribió: "Los hombres proyectan sus nueve orificios sobre la tierra y en el cielo".

Pascal Quignard, La barca silenciosa, No te conviertas en ti mismo, Ed. el cuenco de plata, 2009.