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viernes, 19 de junio de 2015

La Retirada

No quedan incendiadas aves flameando sobre mi cabeza: que el cielo no guarde ni un atisbo me apena más que el final de la guerra. Y hablo de la cabeza mía ya que todas las celadas desaparecieron con la retirada, mañana la lluvia se llevará los cascos, los botones del sudario, las astillas encarnadas en el barro, la música que bramaba de los cardinales. Desde esta torre solía ver el mundo. Ahora el párpado del mundo tiembla contraído en el horizonte. Cada muñón reventado como una fruta, cada grito, cada mano elegida por el sable, cada hueso hirviendo entre las napas formará una lámina tras otra en el nuevo cielo.

viernes, 23 de mayo de 2014

Lamentos del reptil


1

Al panadero el aire le da de mamar
Al cachorro la perra le da de mamar
Al gatito la gata le da de mamar
Al reptil nadie le da de mamar.

2

Vi al sol jugando con tu pelo
Oso blanco que dejas tu ojo en la nieve
Noté que quieren orinar cuando se sumergen en el océano
A mí me pasa lo mismo
cuando entro al templo.

3

Párpado de sangre tiene el hombre
Para el fuego para el agua para la luz filtrada
Párpado tiene el reptil
para la lengua para la glándula para el veneno.

4

Ofión es mi nombre
Mi madre es la madre del mundo 
¡Eurínome!
¿Me has hecho de viento o de nada?

5

Hay un dragón en una piedra glacial
Hay un dragón donde el pastor Polifemo cerró su ojo
Los más están en oriente muertos tal vez.

6

Sé que jamás podría encontrarlos aunque tuviera las coordenadas
En grados ínfimos
Sería inútil.

7

Transpira mi alma
Un lagrimal de bilis corroe la piedra
Mi color es el verde
Para ahogar las aguas que en mí viven
Verde
Para fluir para perderme.

8

A la altura de la cadera
Una garra a cada lado –brote
De la pata
Que me han cortado

Del mundo prescindo.

9

En 1962
Fue formulada la hipótesis
De que la extinción
Masiva de los dinosaurios
Fue culpa de las mariposas
Que devoraron
Todas las plantas de la Tierra

No me extrañaría
que así fuera

10

Soy tortuga verde 
Vi los ojos de pluma negra
Abriéndose en la arena
Y ellos me vieron a mí
Entrando lenta
En el interminable amnios.

11

Tengo pupila cuneiforme
Dos dimensiones
Tiene la hoja.

12

Nazco rompiendo la blanca
sangre de las adormideras
me buscan donde no estoy
para despertarme
tocan el hombro de cada planta
susurran levántate
cada mañana
meneando la esmeralda.

13

Eres viejo
Con la quietud de la hierba lunar
Podrías ser tú el lecho de la cantárida disecada
Podrías ser
  curador
El manosanta.

14

Árboles derribados
Ramas quebradas
Reptiles muertos de sequía.

15

Tíos
Y amigos de nuestros padres
Compartían vino
Pan y sobras –un órgano
De grasa oprimiendo la carne
Sólo esto recordamos
Hablaban de dinosaurios.

16

Canta gallo canta
Mi retirada del ámbar vegetal
De la resina pestilente
Canta
El hijo sin albumen
El hijo que somos
De la muerte
Del espejo
Del abismo de los enamorados.

17

Observo.
En la quilla de la farola hay insectos muertos
Polillas en la circunferencia del haz
La hoja de un relámpago entrando en las aguas

Bajo las aguas y la farola
El sapo de arqueado color.

18

No Volveré a
Beber nihonshu
Menos cuando
Estoy solo
¿Habrá
Otros como
Yo afuera?
¿Nos habremos convertido
Los dragones
En una raza triste

De borrachos?

martes, 28 de enero de 2014

dicen - Juan Esteban Linares




Que me están haciendo mal los alcoholes
y el aroma marchitado de la gente,
que huele mal el humo tras mis dientes
filtrándose como un gato
en el aire con su estrella de cinco puntas,
 de vapor, de plomo rápido…

Que me revolqué entre las hormigas y las colillas
y los gallos estuvieron en mi alba picando maíz negro.
 Es probable –mi sueño, perdido como un olivo inalcanzable,
como la higuera que no tuve.
¿Por qué no entran a mi cuarto
un día, una mañana
a besar el loto de mis vasos,
a besar la flor de las paredes?

Quizá por miedo al infierno,
a los tirantes de la cama,
a las sienes de un demonio,
a la órbita limpia entre las cejas desatadas.

He visto el sol detrás del párpado
y a los ojos despejarse
en el iris del día. Y dicen, me han visto,
fumando el hematoma del ocaso,
o quemándome las pestañas con el chispero
de una conífera.
He visto un sol lagrimal fulgurar
en la mañana de los pómulos
un pomelo verde, un llanto plañidero,
un parto, una lágrima…
Y dicen que estuve muerto
como el vino en la barbilla del anciano
y que olvidé en la clepsidra
la dignidad de mis manos y mi futuro…

desventura - Juan Esteban Linares




En tu paciencia indiferente
tejes tu maqueta de luces, tus rutas de alambre,
el descanso último y la oración primera,
en tu paciencia indiferente
voy desesperándome
como un amante que ve morir su amante
como un niño viendo morir la madre.
Cuelga de la estrella blanca un jirón de sangre.
Es el tiempo estirándose como una serpiente.
Es el veneno del tiempo llamando al abismo
y el abismo acudiendo prestante.
¿Qué es el tiempo? ¿Silencio? ¿Ausencia?
Somos los continentes sepultos,
o la flor que nace en la falla de aquel puente,
soy una campana de huesos
blandida en la tarde de las guerras silenciosas.
Soy la música de la estrella muda
en su cauce de luz, en su diapasón dorado.
Como la leche de la muerte,
desde el horizonte te alzas
apagando las estrellas
con tu mano lejana, con el cuenco
de tu mano repleto de lágrimas.
Saber que muero para abrir los ojos
de las tumbas en la tierra.
Y que mi corazón irá a buscarte
ensillado en su cangrejo de rocas,
para labrar en tus ojos, otros ojos del misterio.
Oculto en las almenas yaceré sin cuerpo.
¿Había una flor en los abismos,
impregnada de distancia,
quebrada entre tu mano y mi mano,
Bífida entre tu planta y mi planta?
Mis lágrimas suben, vuelan altas,
hasta incendiarse en la cúpula iridiscente
de las cimas. Caigo en caída libre
hasta enredarme en la flor carnívora,
en la dentadura doble de los tiburones rojos
que eludirán mi sangre repelente.
Adiós mi diosa, mi Gorgona, mi incierta.
El agua del espejo se ha estancado
entre las cerradas puertas de la galaxia.
Una sombra tibia de pulular ranas
se ha tendido entre las cerradas puertas
del desierto. Nos alejamos como opuestos trenes minerales,
con un cansancio plomizo de vagones
hacia las laderas bárbaras.
 ¿Has enviado tú este pájaro
enfermo? ¿No sabías que enferman
entre los polos estas aves de viento?
¿Has enviado tú este puñado
de hojas blancas?
 Sé que no ves el torso del viajero
desnudo y solo frente a la aljaba de alba.
Se despiden de nosotros los perros, los amigos
testigos de nuestro lazo de ceniza,
los traductores de lenguas muertas,
los símbolos fatales de las huellas, los anillos
y la sangre mínima que celosamente
custodió en su jaula coagulosa
el ciego insecto de nuestra desventura.

miércoles, 13 de noviembre de 2013

Brotaron los árboles que derribó la tormenta...

Brotaron los árboles que derribó la tormenta,


de la raíz apuñalada en la tierra sangrante
brotó el cuerpo universal y etéreo,
(quizá no lo veamos)
hasta de la leña
de los álamos
brotaron alas verdes
recortadas en sierra, en estrella.
Ya no vale la palabra muerte
y la palabra es un camafeo
para quien la trabaja,
si la palabra viene embebida en mieles
del panal del cráneo hueco,
si la palabra es pintura del insecto,
si la palabra es agua
que chorrea de la boca
hasta tu sexo
brotaron las colas cortadas de los dragones,
brotaron lunares y soles en la galaxia del espejo,
brotó una lágrima del corazón blando
y saliva de la encía seca al probarla los labios
brotaron los árboles que derribó la tormenta,
el claro es bosque y el bosque es claro
donde el aquelarre se oculta entre abrazos de sombra,
donde se esquirla el trino en resina rojiza,
donde duerme el ogro en un ombú vacío
tras un portal de trepadoras, de sierpes, de bejucos...

Brotó la ola del océano profundo,
la música celeste del campanario oxidado,
la nube temporal del tren que se aleja,
el jazmín del cuerpo muerto...

Brotó el agua de la piedra ante la sed de la estrella
y, en el desierto de mis manos, un alfanje tibio.
En él silba el viento, no refleja mis ojos,
es dorado, parece un signo de interrogación,
(brotó la sangre del filoso acero)
una pregunta sangrando por la empuñadura
bajando por el pescuezo del viento...

martes, 12 de noviembre de 2013

Dejé muy poco...

Dejé muy poco a la imaginación,
abrí mi boca descaradamente,
sin cara detrás, una boca esgrimiendo
palabras y palabras aferradas
a una valva para mí no revelada.

Por la distinta iluminación
(entre acto y acto fui perdido)
intuyo que también hice abuso del aire
y lo que era una virtud para hincharse
rechoncho de silencios
lo estallé con alfileres
del costurero de mis ojos.

El domingo, paseando por la feria,
entre higos y castañas, orejones y demás
abrillantadas frutas secas
encontré mi corazón
tan parecido al de las nueces.

miércoles, 2 de junio de 2010

Concierto de campanas

En el tañer fui una hoja temblando
como un cuerpo, muy encima de las tejas
donde no cuesta
a querubes ni palomas.

Y otras bocas de bronce
pronunciaban un abecedario
que oí de pequeño al agua aplaudida,
al agua que empoza una roca.

¡Fragor en cada lámina!
¡Sacudir de plumas y de polvo!
Nuestras manos
se juntaban en una maza
de arrojar clavos al aire
y una muchedumbre avisada
discurría en las callejuelas sin temor al juicio,
sin temor a ser carne
entre la tachuela y la tabla,
quizá, tras un vidrio chirriante, mancebos
olorosos se batían y rebatían escribiendo
una partitura de alcoba,
o alguien resultó despierto temiendo
ser parte de un sueño.

¡Capilla desentendida de horas y duelos!

Fui sobre una torre
trémula una cuerda tensada
desde el cielo hasta la tierra.

miércoles, 13 de enero de 2010

Desde el Tártaro


De alguna manera te gustaba mi carro
empotrado de raza negra
la manera en la que sabiendo
que no eras de este mundo te hablaba
de alguna manera se sincera te encantaba
que podía ser invisible y seguir hablándote
cantándote el buen día y las buenas noches.

Abrí las tierras para enseñarte mis jardines.
Este es el alimento de los muertos
este el amor de los muertos
aquí tu nuevo nombre
aquí tus tres meses de Reina.


Juan E. Linares

domingo, 29 de noviembre de 2009

Para Valeria


No están de más lo ojos. Son demasiados
pero también son muchos los nichos de la espuma,
el movimiento globular de la sangre, el movimiento,
Tales que nos descubrió de agua, una superficie calma,
tu gota abierta al tocarla...


Un jardín alzado desde un regajo: los pájaros
cantan una melodía aprendida de una caja
armónica que ha sonado de golpe.


Si no el parto, lo da la mano.
Si no la luz, la música.
Si no el dios, el otro.
Si no el engranaje, la tierra
con toda esa piedra adentro.
Si no el haz, el discurso.
Si no la sobrevienta, lo da la sófora jóven.
Si no un libro antiquísimo de China,
lo da el músculo, la estación...


También el fuego cabalga un lomo.
En el interior está el combustible
y nuestro ojo en la cerradura.
Prescindimos de párpado
y en lugar de ver al animal
vemos la fiesta.


El cuerno también es una cánula de la savia.
Después de muerto que sigue creciendo
cabello y uñas, después que sigue respirando...


Cuento una,
dos, tres
cuatro
estaciones
y ya estoy viejo de contar.
El polvo cuenta al polvo.
Cuento una, dos, tres,
la veces de cruzarte,
uno, dos, tres, cuatro los granos de arena,
el hartazgo que anuncia el milagro.


Espléndido el cuerpo recostado en el piso,
el disco grabado en Abbey Road que suena,
la mancha roja tras el vidrio verde,
el cigarrillo que frío busca apagar
las brasas encendidas,
espléndido el cuerpo abierto, los fluídos,
lo enunciable y lo no,
espléndida la cámara de los estudios de Abbey Road,
la palma extendida, el cristal que canta
como una lámpara y no se sabe desde dónde.


No esperes que se detenga el mar.
Tampoco les creas a quienes dicen
que va a hervir pero no está mal
estarse precavido ante la mansedumbre.
No hagas caso de la población.
Arrancate los ojos antes del nistagmo.


Conversan sístole y diástole:

- ¡Qué culpa me echo de haber volado al pájaro!
- ¡Qué culpa me echo de haber volado al pájaro!

Pasa un tren de óxido.

- ¿Habrá sentido las larvas?
- ¿Que quería descascararnos?

Pasa un tren de óxido

- ¿A qué cabeza le bombean las ballenas
la sal sangrante del océano?

Pasa un tren de óxido: en sus chimeneas nada
puede anidar.


Inclinan los cogotes.
Nacen desde un tálamo, la grieta
se genera en la tierra por voluntad
de la tierra. No suben buscando luz
pues la luz está en todas partes.
 

Observó Heráclito que ha venido ¿sabes?
lo noté decrépito con todos esos cálculos
periódicos grabados en la retina.


Ah, de tu vientre
esta constelación viva.
Un reflejo de apiñarse
y marchar como el hierro,
panza con hombro, muslo con cabeza:
esta constelación viva y jadeante,
encendida y fósil
para los telescopios.


Una barca flota:
es bueno verla a la par de ruiseñores
lentamente irse como un globo paseando
por el mundo.
Cada reflexión del agua brilla
con una gama distinta del desmembrado.


Ya no se puebla de flores. Apenas
nacen unas pocas y maduran
y tienen recién sus órganos
cuando termina la floración.
Se fue el verano. Los árboles verdes
a pesar.


Y sentenció:
que el alimento
de las aves rapaces sean los muertos.

Y que los árboles naczcan del nife
al igual que tus manos y que se les niegue escuchar
cuentos al salir de la sombra.

La aldea del héroe.

¡Montañas separarán el mundo y no abismos!

¡Océanos! Para que muy profundo
no se sepa que llueve.



Dialogan
moviendo las cabezas en torno al fuego.
Las alejan un poco, apartan los ojos
de las esporas del fuego.
Ya empezó a abrirse el río: el comienzo
de una riqueza incomparable.
Se convencen a comportarse como el limo,
con los ojos prendidos de esporas
al placer de acarrearse.


Buscan la diadema.
Un altar derrama una vertiente
y es el encuentro
entre vertiente y lomo
la primera y única concepción.


Al jardín medirlo con pies
de lado a lado: si es de cabeza de alfiler
con pasos cortados; si es de líquidos
con diminutos pasos; si es anchura
con estaciones, átomos del tiempo,

medirlo abierto.


Juan E. Linares