miércoles, 6 de mayo de 2015
Test - Nicanor Parra
Qué es un antipoeta:
Un comerciante en urnas y ataúdes?
Un sacerdote que no cree en nada?
Un general que duda de sí mismo?
Un vagabundo que se ríe de todo
Hasta de la vejez y de la muerte?
Un interlocutor de mal carácter?
Un bailarín al borde del abismo?
Un narciso que ama a todo el mundo?
Un bromista sangriento
Deliberadamente miserable
Un poeta que duerme en una silla?
Un alquimista de los tiempos modernos?
Un revolucionario de bolsillo?
Un pequeño burgués?
Un charlatán?
un dios?
un inocente?
Un aldeano de Santiago de Chile?
Subraye la frase que considere correcta.
Qué es la antipoesía:
Un temporal en una taza de té?
Una mancha de nieve en una roca?
Un azafate lleno de excrementos humanos
Como lo cree el padre Salvatierra?
Un espejo que dice la verdad?
Un bofetón al rostro
Del Presidente de la Sociedad de Escritores?
(Dios lo tenga en su santo reino)
Una advertencia a los poetas jóvenes?
Un ataúd a chorro?
Un ataúd a fuerza centrífuga?
Un ataúd a gas de parafina?
Una capilla ardiente sin difunto?
Marque con una cruz
La definición que considere correcta.
El último brindis - Nicanor Parra
Lo queramos o no
Sólo tenemos tres alternativas:
El ayer, el presente y el mañana.
Y ni siquiera tres
Porque como dice el filósofo
El ayer es ayer
Nos pertenece sólo en el recuerdo:
A la rosa que ya se deshojó
No se le puede sacar otro pétalo.
Las cartas por jugar
Son solamente dos:
El presente y el día de mañana.
Y ni siquiera dos
Porque es un hecho bien establecido
Que el presente no existe
Sino en la medida en que se hace pasado
Y ya pasó...,
como la juventud.
En resumidas cuentas
Sólo nos va quedando el mañana:
Yo levanto mi copa
Por ese día que no llega nunca
Pero que es lo único
De lo que realmente disponemos.
Sólo tenemos tres alternativas:
El ayer, el presente y el mañana.
Y ni siquiera tres
Porque como dice el filósofo
El ayer es ayer
Nos pertenece sólo en el recuerdo:
A la rosa que ya se deshojó
No se le puede sacar otro pétalo.
Las cartas por jugar
Son solamente dos:
El presente y el día de mañana.
Y ni siquiera dos
Porque es un hecho bien establecido
Que el presente no existe
Sino en la medida en que se hace pasado
Y ya pasó...,
como la juventud.
En resumidas cuentas
Sólo nos va quedando el mañana:
Yo levanto mi copa
Por ese día que no llega nunca
Pero que es lo único
De lo que realmente disponemos.
viernes, 23 de mayo de 2014
Lamentos del reptil
1
Al panadero el aire le da de mamar
Al cachorro la perra le da de mamar
Al gatito la gata le da de mamar
Al reptil nadie le da de mamar.
2
Vi al sol jugando con tu pelo
Oso blanco que dejas tu ojo en la nieve
Noté que quieren orinar cuando se sumergen en el océano
A mí me pasa lo mismo
cuando entro al templo.
3
Párpado de sangre tiene el hombre
Para el fuego para el agua para la luz filtrada
Párpado tiene el reptil
para la lengua para la glándula para el veneno.
4
Ofión es mi nombre
Mi madre es la madre del mundo
¡Eurínome!
¿Me has hecho de viento o de nada?
5
Hay un dragón en una piedra glacial
Hay un dragón donde el pastor Polifemo cerró su ojo
Los más están en oriente muertos tal vez.
6
Sé que jamás podría encontrarlos aunque tuviera las
coordenadas
En grados ínfimos
Sería inútil.
7
Transpira mi alma
Un lagrimal de bilis corroe la piedra
Mi color es el verde
Para ahogar las aguas que en mí viven
Verde
Para fluir para perderme.
8
A la altura de la cadera
Una garra a cada lado –brote
De la pata
Que me han cortado
Del mundo prescindo.
9
En 1962
Fue formulada la hipótesis
De que la extinción
Masiva de los dinosaurios
Fue culpa de las mariposas
Que devoraron
Todas las plantas de la Tierra
No me extrañaría
que así fuera
10
Soy tortuga verde
Vi los ojos de pluma negra
Abriéndose en la arena
Y ellos me vieron a mí
Entrando lenta
En el interminable amnios.
11
Tengo pupila cuneiforme
Dos dimensiones
Tiene la hoja.
12
Nazco rompiendo la blanca
sangre de las adormideras
me buscan donde no estoy
para despertarme
tocan el hombro de cada planta
susurran levántate
cada mañana
meneando la esmeralda.
13
Eres viejo
Con la quietud de la hierba lunar
Podrías ser tú el lecho de la cantárida disecada
Podrías ser
curador
El manosanta.
14
Árboles derribados
Ramas quebradas
Reptiles muertos de sequía.
15
Tíos
Y amigos de nuestros padres
Compartían vino
Pan y sobras –un órgano
De grasa oprimiendo la carne
Sólo esto recordamos
Hablaban de dinosaurios.
16
Canta gallo canta
Mi retirada del ámbar vegetal
De la resina pestilente
Canta
El hijo sin albumen
El hijo que somos
De la muerte
Del espejo
Del abismo de los enamorados.
17
Observo.
En la quilla de la farola hay insectos muertos
Polillas en la circunferencia del haz
La hoja de un relámpago entrando en las aguas
Bajo las aguas y la farola
El sapo de arqueado color.
18
No Volveré a
Beber nihonshu
Menos cuando
Estoy solo
¿Habrá
Otros como
Yo afuera?
¿Nos habremos convertido
Los dragones
En una raza triste
De borrachos?
miércoles, 21 de mayo de 2014
Felisberto Hernández - Muebles "El Canario"
(Originalmente publicado en Mujer Batllista
año II, Nº 12, Montevideo, noviembre 1947)
Nadie encendía las láparas
Buenos Aires: Sudamericana, 1947
La propaganda
de estos muebles me tomó desprevenido. Yo había ido a pasar un mes de
vacaciones a un lugar cercano y no había querido enterarme de lo que ocurriera
en la ciudad. Cuando llegué de vuelta hacía mucho calor y esa misma noche fui a
una playa. Volví a mi pieza más bien temprano y un poco malhumorado por lo que
me había ocurrido en el tranvía. Lo tomé en la playa y me tocó sentarme en un
lugar que daba al pasillo. Como todavía hacía mucho calor, había puesto mi saco
en las rodillas y traía los brazos al aire, pues mi camisa era de manga corta.
Entre las personas que andaban por el pasillo hubo una que de pronto me dijo:
—Con su
permiso, por favor...
Y yo respondí
con rapidez:
—Es de usted.
Pero no sólo
no comprendí lo que pasaba sino que me asusté. En ese instante ocurrieron
muchas cosas. La primera fue que aun cuando ese señor no había terminado de
pedirme permiso, y mientras yo le contestaba, él ya me frotaba el brazo desnudo
con algo frío que no sé por qué creí que fuera saliva. Y cuando yo había
terminado de decir “es de usted” ya sentí un pinchazo y vi una jeringa grande
con letras. Al mismo tiempo una gorda que iba en otro asiento decía:
—Después a
mí,
Yo debo haber
hecho un movimiento brusco con el brazo porque el hombre de la jeringa dijo:
—¡Ah!, lo voy
a lastimar... quieto un...
Pronto sacó
la jeringa en medio de la sonrisa de otros pasajeros que habían visto mi cara.
Después empezó a frotar el brazo de la gorda y ella miraba operar muy
complacida. A pesar de que la jeringa era grande, sólo echaba un pequeño chorro
con un golpe de resorte. Entonces leí las letras amarillas. que había a lo
largo del tubo: Muebles “El Canario”. Después me dio vergüenza preguntar de qué
se trataba y decidí enterarme al otro día por los diarios. Pero apenas bajé del
tranvía pensé: “No podrá ser un fortificante; tendrá que ser algo que deje
consecuencias visibles si realmente se trata de una propaganda”. Sin embargo,
yo no sabía bien de qué se trataba; pero estaba muy cansado y me empeciné en no
hacer caso. De cualquier manera estaba seguro de que no se permitiría dopar al
público con ninguna droga. Antes de dormirme pensé que a lo mejor habrían
querido producir algún estado físico de placer o bienestar. Todavía no había
pasado al sueño cuando oí en mí el canto de un pajarito... No tenía la calidad
de algo recordado ni del sonido, que nos llega de afuera. Era anormal como una
enfermedad nueva; pero también había un matiz irónico; como si la enfermedad se
sintiera contenta y se hubiera, puesto a cantar. Estas sensaciones pasaron
rápidamente y en seguida apareció algo más concreto: oí sonar en mi cabeza una
voz que decía:
—Hola, hola;
transmite difusora “El Canario”... hola, hola, audición especial. Las personas
sensibilizadas para estas transmisiones... etc., etc...
Todo esto lo
oía de pie, descalzo, al costado de la cama y sin animarme a encender la luz;
había dado un salto y me había quedado duro en ese lugar; parecía imposible que
aquello sonara dentro de mi cabeza. Me volví a tirar en la cama y por último me
decidí a esperar. Ahora estaban pasando, indicaciones a propósito de los pagos
en cuotas de los muebles “El Canario”. Y de pronto dijeron:
—Como primer
número se transmitirá el tango...
Desesperado,
me metí debajo de una cobija gruesa; entonces oí todo con más claridad, pues la
cobija atenuaba los ruidos de la calle y yo sentía mejor lo que ocurría dentro
de mi cabeza... En seguida me saqué la cobija y empecé a caminar por la
habitación; esto me aliviaba un poco pero yo tenía como un secreto
empecinamiento en oír y en quejarme de mi desgracia. Me acosté de nuevo y al
agarrarme de los barrotes de la cama volví a oír el tango con más nitidez.
Al rato me
encontraba en la calle: buscaba otros ruidos que atenuaran el que sentía en la
cabeza. Pensé en comprar un diario, informarme de la dirección de la radio y
preguntar qué había que hacer para anular el efecto de la inyección. Pero vino
un tranvía y lo tomé. A los pocos instantes el tranvía pasó por un lugar donde
las vías se hallaban en mal estado y el gran ruido me alivió de otro tango que
tocaban ahora; pero de pronto miré para dentro del tranvía y vi otro hombre con
otra jeringa; le estaba dando inyecciones a unos niños que iban sentados en
asientos transversales. Fui hasta allí y le pregunté qué había que hacer para
anular el efecto de una inyección que me habían dado hacía una hora. El me miró
asombrado y dijo:
—¿No le
agrada la transmisión?
—Absolutamente.
—Espere unos
momentos y empezará una novela--en episodios.
—Horrible -le
dije.
El siguió con
las inyecciones y sacudía la cabeza haciendo una sonrisa. Yo no oía más el
tango. Ahora volvían a hablar de los muebles. Por fin el hombre de la inyección
me dijo:
—Señor, en
todos los diarios ha salido el aviso de las tabletas “El Canario”. Si a usted
no le gusta, la transmisión se toma una de ellas y pronto.
—¡Pero, ahora
todas las farmacias, están !cerradas y yo voy a volverme loco!
En ese
instante oí anunciar:
—Y ahora
transmitiremos una poesía titulada “Sillón Querido”, soneto compuesto
especialmente para los muebles “El Canario”.
Después el
hombre de la inyección se acercó a mí para hablarme en secreto y me dijo:
—Yo voy a
arreglar su asunto de otra manera. Le cobraré un peso porque le veo cara
honrada. Si usted me descubre pierdo el empleo, pues a la compañía le conviene
más que se vendan las tabletas.
Yo lo apuré
para que me dijera el secreto. Entonces él abrió la mano y dijo:
—Venga el
peso. —Y después que se lo di agregó: —Dése un baño de pies bien caliente.
miércoles, 7 de mayo de 2014
Wisława Szymborska - El número Pi
El admirable número Pi
tres coma uno cuatro uno.
Las cifras que siguen son también preliminares
cinco nueve dos porque
jamás acaba.
No puede abarcarlo seis cinco tres cinco la
mirada,
ocho nueve ni el cálculo
siete nueve ni la
imaginación,
ni siquiera tres dos tres ocho un chiste, es
decir, una comparación
cuatro seis con
cualquier otra cosa
dos seis cuatro tres de este
mundo.
La serpiente más larga de la tierra suma equis metros y se
acaba.
Y lo mismo las serpientes míticas aunque tardan más.
El séquito de dígitos del número Pi
llega al final de la página y no se detiene,
sigue, recorre la mesa, el aire,
una pared, una hoja, un nido de pájaros, las nubes, hasta
llegar directo al cielo,
y perderse en la insondable hinchazón del cielo.
¡Qué breve cola la de un cometa, cual la de un ratón!
¡Qué endeble el rayo de un astro si se curva en la
insignificancia del espacio!
Mientras aquí dos tres quince trescientos diecinueve
mi número de teléfono la talla de tu camisa
el año mil novecientos sesenta y tres sexto piso
el número de habitantes sesenta y cinco céntimos
dos pulgadas de cintura una
charada y un mensaje cifrado
que dice vuela mi ruiseñor y canta
y también se ruega guardar silencio,
y se extinguirán cielo y tierra,
pero el número Pi no, jamás,
seguirá su camino con su nada despreciable cinco
con su en absoluto vulgar ocho
con su ni por asomo postrero siete,
empujando, ¡ay!, empujando a durar
a la perezosa eternidad.
En Paisaje con grano de arena
Traducción: Jerzy Sławomirski y Ana María Moix
Agradezco a http://bibliotecaignoria.blogspot.com
por recordármelo hoy
lunes, 7 de abril de 2014
Antes que el tiempo los cambiara - Kavafis (1863 - 1933)
Se sintieron afligidos por la separación.
No la habían querido fueron las circunstancias.
Necesidades vitales obligaron a uno de ellos
a irse lejos Nueva York o Canadá.
Su amor, ciertamente no era el mismo de antes:
la atracción poco a poco había disminuido,
la atracción grandemente había disminuido.
Pero la separación no la habían querido.
Fueron las circunstancias O, quizá, como un artista,
apareció el Destino, separándolos antes
que muriera el amor, antes que los cambiara el tiempo.
El uno para el otro será siempre el que había sido:
el apuesto muchacho de veinticuatro años.
C. Kavafis
No la habían querido fueron las circunstancias.
Necesidades vitales obligaron a uno de ellos
a irse lejos Nueva York o Canadá.
Su amor, ciertamente no era el mismo de antes:
la atracción poco a poco había disminuido,
la atracción grandemente había disminuido.
Pero la separación no la habían querido.
Fueron las circunstancias O, quizá, como un artista,
apareció el Destino, separándolos antes
que muriera el amor, antes que los cambiara el tiempo.
El uno para el otro será siempre el que había sido:
el apuesto muchacho de veinticuatro años.
C. Kavafis
PARA FORTALECERSE - Kavafis (1863-1933)
Quien desee fortalecer su espíritu
tendrá que ir más allá del respeto y la sumisión.
Tendrá que acatar algunas leyes,
pero, en general, tendrá que violar
tanto las leyes como las costumbres e ir más allá
de las normas aceptadas e insuficientes.
Mucho le enseñarán los placeres sensuales.
No habrá de temer al acto destructivo:
la mitad de la casa tendrá que derrumbarse.
Así alcanzará virtuosamente la sabiduría.
tendrá que ir más allá del respeto y la sumisión.
Tendrá que acatar algunas leyes,
pero, en general, tendrá que violar
tanto las leyes como las costumbres e ir más allá
de las normas aceptadas e insuficientes.
Mucho le enseñarán los placeres sensuales.
No habrá de temer al acto destructivo:
la mitad de la casa tendrá que derrumbarse.
Así alcanzará virtuosamente la sabiduría.
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